Mundo19 de septiembre de 2026

Rusia intensifica la guerra total contra Ucrania: drones a reacción, asedio a Kiev y crisis invernal

Un informe de The Economist expone el inicio de una fase más destructiva del conflicto. El despliegue a gran escala de drones Shahed propulsados por reactores vulnera las defensas de la capital ucraniana, mientras Moscú destruye trenes, refinerías y la red eléctrica ante la inminente llegada del invierno. Los enviados de Donald Trump buscan un pacto limitado en el Mar Negro.

La invasión rusa sobre Ucrania ha ingresado en una etapa de violencia cualitativamente superior y de desgaste generalizado. Según un extenso reporte en el terreno realizado por la revista británica The Economist, el Kremlin inauguró una nueva fase de “guerra total” tras desplegar a gran escala, desde finales de agosto, una generación de drones Shahed propulsados por reactores —con motores presuntamente importados de China— que vuelan a mayor altitud y velocidad, neutralizando las defensas antiaéreas móviles ucranianas. Este salto tecnológico, sumado a la escasez crítica de interceptores occidentales como los misiles Patriot, ha vuelto a trasladar el terror del frente de combate al corazón de Kiev, desatando alertas ininterrumpidas, destrucción de edificios y un nuevo éxodo de familias hacia el oeste del país.

El impacto sobre la vida cotidiana es demoledor. Las detonaciones ya forman parte del paisaje urbano en estaciones de tren, gasolineras y centros logísticos. A diferencia de los vehículos no tripulados a hélice que las tropas de Kiev derribaban con ametralladoras o drones cuadricópteros de sacrificio, los nuevos Shahed a reacción requieren interceptores de altísimo costo que la industria local aún no puede fabricar en masa. Mientras Ucrania apenas comienza a desarrollar prototipos propios a través de firmas locales como Fire Point, Rusia proyecta fabricar 24.000 unidades de estos aparatos para 2026 y mantiene una cadencia de disparo superior a los 100 misiles balísticos mensuales.

La "zona de muerte" en el frente y las gestiones de Trump

Pese al recrudecimiento de los ataques a larga distancia, el frente terrestre exhibe una dinámica dispar. En la línea de contacto —una franja de disputa de 40 a 80 kilómetros denominada la "zona de muerte", saturada de drones de reconocimiento FPV donde los soldados rusos han debido abandonar los blindados por jeeps abiertos—, las fuerzas ucranianas retienen la iniciativa táctica bajo el mando del nuevo comandante en jefe, Mykhailo Drapatyi. De acuerdo con fuentes militares de Kiev, Moscú apenas logró una ganancia neta de 100 kilómetros cuadrados este año (el 0,017% de la superficie ucraniana previa a 2014) a costa de un desgaste colosal: estiman que el ejército invasor sufre entre 22.000 y 23.000 muertos mensuales, con un balance acumulado que superaría los 600.000 soldados caídos, cifras que sobrepasan su tasa de reclutamiento y empujan al Kremlin a requerir refuerzos de Corea del Norte.

En el plano diplomático, el alivio parece lejano. A comienzos de mes, los emisarios del expresidente estadounidense Donald Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner, mantuvieron reuniones en Kiev con Volodímir Zelensky tras reunirse previamente con Vladimir Putin en Moscú. Aunque la diplomacia ucraniana descarta un acuerdo de capitulación, se baraja la posibilidad de un entendimiento técnico limitado hacia octubre en Abu Dabi, centrado en destrabar las exportaciones de cereales y petróleo en el Mar Negro antes de las elecciones legislativas de noviembre en Estados Unidos. Sin embargo, analistas advierten que Putin no contempla frenar su ofensiva militar antes de la primavera.

Alerta por el colapso energético ante la llegada del invierno

El frente más crítico para Ucrania en el corto plazo se ubica en su retaguardia civil y productiva. La aviación rusa ha destruido más de 250 locomotoras en lo que va del año, atacó terminales logísticas y mantiene prácticamente bloqueados los puertos de aguas profundas de Odesa desde julio, poniendo en jaque exportaciones agrícolas que equivalen al 10% del PIB nacional. La producción siderúrgica se desplomó un 60% en plantas de Kryvyi Rih y Zaporizhzhia, al tiempo que la capacidad de almacenamiento de mercaderías en la capital cayó hasta un 80%.

Con la proximidad de las temperaturas bajo cero, la supervivencia de Kiev pende de un hilo. Si los misiles rusos logran inutilizar nodos estratégicos como la subestación eléctrica de 750 kV en Makariv, la capital pasaría de contar con 16 horas de energía diarias a solo 4 horas de suministro, con el riesgo inminente de paralizar los sistemas de calefacción centralizada, agua y saneamiento cloacal. A este escenario se suma la asfixia financiera: el primer ministro, Serhiy Koretskiy, estimó pérdidas impositivas por USD 1.600 millones debido a la escalada bélica, mientras que el gobierno de Zelensky ya solicitó a sus aliados occidentales cubrir un déficit presupuestario militar de USD 27.000 millones para evitar el colapso de la economía de guerra.

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