Llaryora define el calendario electoral de Córdoba condicionado por el impacto del Súper Niño
El diseño del cronograma electoral en Córdoba no solo depende de las negociaciones de los partidos provinciales y el clima político con la Casa Rosada, sino que ahora incorpora una variable imprevista: los partes del tiempo. En los despachos del Centro Cívico monitorean con idéntica atención los sondeos de opinión pública y las alertas climáticas, debido a que la inminente llegada del fenómeno del Súper Niño irrumpió como un elemento determinante para definir la fecha en la que el gobernador Martín Llaryora buscará su reelección en las urnas.
La falta de una fecha fija estipulada por ley para los comicios provinciales le otorga al Poder Ejecutivo una amplia discrecionalidad para convocar según su conveniencia política. De acuerdo con el Código Electoral modificado en 2023, la primera fecha habilitada para votar en Córdoba es el 7 de marzo. La premisa original del oficialismo apuntaba a adelantar la votación a marzo o abril para provincializar la discusión pública, evitar la contaminación con las elecciones nacionales fijadas para octubre —y eventuales PASO en agosto—, recortar los plazos de armado a la oposición y capitalizar el impacto social de acontecimientos de relevancia institucional como la proyectada visita del papa León XIV.
La amenaza climática y el foco en la Capital
No obstante, las previsiones de la Organización Meteorológica Mundial encendieron luces de alarma en el tablero llaryorista. Los reportes técnicos confirman que el fenómeno del Súper Niño alcanzará su pico de intensidad entre finales de este año y comienzos del próximo, ubicando a la geografía cordobesa dentro del área sujeta a tormentas severas. En la memoria del Ejecutivo provincial pesan los antecedentes de las trágicas inundaciones de febrero de 2015 en Sierras Chicas y el histórico colapso pluvial que suelen sufrir las calles de Córdoba Capital durante las precipitaciones de verano.
Para los estrategas del oficialismo, sostener las chances reeleccionistas requiere exhibir una gestión eficiente y obras de infraestructura concluidas en la ciudad capitalina. Un temporal extraordinario a inicios de año podría dejar a la gestión bajo severos cuestionamientos de los vecinos, por lo que anticipar la campaña a los meses de marzo o abril expone al mandatario al riesgo de transitar un escenario proselitista marcado por contingencias hídricas o daños urbanos.
Equilibrio con Javier Milei y ruido interno por Passerini
En el frente político, la estrategia del gobernador se apoya en una relación institucional fluida con la administración de Javier Milei, cuya figura retiene un nivel de adhesión diferenciado en el electorado cordobés. Este canal de entendimiento funciona a través de los operadores de ambos ejecutivos: el jefe de Gabinete de la Nación, Diego Santilli, y su par provincial, Manuel Calvo, quien releva a Llaryora de las negociaciones directas con Balcarce 50 y le permite preservar autonomía para intervenir con críticas o avales según el caso.
Bajo este armado, Llaryora busca eludir cualquier fotografía que lo asocie a figuras del kirchnerismo o a disputas de la interna peronista bonaerense. En ese marco, generó sorpresa e incomodidad en el Centro Cívico la reciente decisión del intendente de la ciudad de Córdoba, Daniel Passerini, de compartir escenario en La Plata con Axel Kicillof, una imagen que colisiona con el esquema de aislamiento nacional que el gobernador diseña para llegar con comodidad a las urnas. /La Voz