
San Martín volvió a tropezar con sus errores y un fallo arbitral le privó del 3-2 en Jujuy



La sensación en el campamento de La Ciudadela es unánime e incómoda: el empate 2-2 en el norte tiene el sabor amargo de una derrota. ¿Cómo se explica que San Martín de Tucumán haya tenido un 2-0 cómodo a favor, dominando con solvencia durante más de 45 minutos, y termine volviendo de Jujuy resignando dos unidades vitales? El equipo volvió a cometer las mismas desatenciones defensivas que ya le habían costado caras una semana atrás en Rafaela, dejando escapar una victoria que parecía sentenciada y profundizando una crisis de funcionamiento que achica al extremo su margen de error.
El primer tiempo había mostrado una versión lúcida y efectiva del conjunto tucumano. San Martín interpretó que el mejor camino para evitar descompensaciones atrás consistía en defender hacia adelante. La presión alta y la asfixia en el mediocampo disimularon los problemas crónicos de retroceso, con Santiago Briñone y Gabriel Carabajal marcando la intensidad, cortando líneas de pase y recuperando la pelota para mantener el juego lejos del arco custodiado por Darío Sand.


Ese dominio táctico encontró rápida recompensa en la eficacia de Mauro Verón. El delantero exhibió la contundencia que tantas veces se le reclamó a la ofensiva albirroja y convirtió un doblete decisivo, aprovechando cada espacio en el área rival para sellar un 2-0 que premiaba con justicia al mejor equipo sobre el césped antes del descanso.
Repliegue prematuro, errores de fondo y variantes fallidas
Sin embargo, el segundo tiempo desnudó la falencia que persigue al plantel desde hace meses: la incapacidad para sostener el resultado y cerrar los partidos. En lugar de tener el balón, bajarle el ritmo a la tarde y forzar el desgaste del local, San Martín retrocedió metros y le cedió la iniciativa a Gimnasia. La pelota parada no tardó en reactivar viejos temores: Abel Argañaraz le ganó la espalda a Guillermo Rodríguez y conectó de cabeza para marcar el 1-2, inyectándole nerviosismo a la última línea tucumana.
Minutos después se produjo la acción que selló la igualdad definitiva. Ezequiel Parnisari, de floja labor defensiva, tomó de manera imprudente a un rival dentro del área y, ante la salida desesperada de Sand, la pelota terminó ingresando para decretar el 2-2, dejando la certeza de que la infracción hubiera derivado en penal de no haber terminado la jugada en gol.
Desde el banco de relevos tampoco llegaron las soluciones. En el afán de corregir el esquema, el entrenador Alejandro Orfila desarmó la estructura que mejor había funcionado: sustituyó a Briñone y a Carabajal, dos de las piezas de mayor rendimiento, y el equipo perdió completamente la energía y el equilibrio del mediocampo. Víctor Salazar no gravitó en su posición y obligó a improvisar con Alejandro Galván, mientras que los ingresos de Matías "Caco" García y Nicolás Castro no lograron aportarle la pausa ni el orden necesarios para frenar el envión jujeño.
El gol mal anulado a Diego Diellos y la cuenta regresiva del torneo
Hacia el epílogo del encuentro, el desarrollo sumó un grosero perjuicio arbitral. En una maniobra ofensiva que culminó con la pelota en la red a través de Diego Diellos, el juez asistente levantó la bandera sancionando una posición adelantada inexistente: Bruno Cabrera partía plenamente habilitado en el arranque de la jugada, por lo que la conquista era legal y debió significar el 3-2 agónico en favor del Santo.
Pese a la evidente equivocación de la terna arbitral, la jugada polémica no logra enmascarar el problema de fondo: San Martín tenía el trámite controlado en las manos y volvió a regalar dos puntos por debilidades colectivas que no logra subsanar. Con solo cinco fechas por delante y ubicado lejos de la zona de Reducido, las matemáticas todavía conservan chances teóricas, pero el rendimiento futbolístico empieza a anticipar un desenlace adverso si no se corrigen de inmediato estas desconexiones.



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