El derrumbe de la actividad económica en julio enciende alarmas de recesión y abre el debate por incentivos

El retroceso del 2,9% mensual en el EMAE despertó el temor a una recesión técnica en el tercer trimestre. Consultoras advierten sobre el impacto directo en la recaudación fiscal, el desplome del consumo y la creciente exigencia sobre las reservas del Banco Central dentro del programa financiero 2027 de Luis Caputo.
Economía27 de septiembre de 2026

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La dinámica económica argentina encendió señales de máxima alerta tras confirmarse un marcado deterioro en el nivel de actividad durante el séptimo mes del año. De acuerdo con las mediciones oficiales del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), la economía registró una contracción del 2,9% mensual desestacionalizada en julio y una baja del 1,4% interanual, con un arrastre preliminar para agosto que dista de mostrar una recuperación consistente. Ante este panorama, analistas y consultoras privadas abrieron una profunda discusión en torno a la necesidad de implementar medidas de estímulo focalizadas y advirtieron sobre la presión que este enfriamiento ejercerá sobre las cuentas públicas y el esquema financiero gubernamental.

Desde la firma Wise Capital remarcaron que, si se excluye el período extraordinario de la emergencia sanitaria, para encontrar un registro mensual tan negativo es necesario remontarse a finales de 2019. La marcada desaceleración estuvo traccionada principalmente por dos pilares centrales del aparato productivo: la industria manufacturera retrocedió un 5%, mientras que el sector de la construcción se desplomó un 4,6%. A raíz de estas cifras, desde la entidad sentenciaron que el fantasma de una recesión técnica acecha con fuerza al tercer trimestre, ya que la seguidilla de indicadores negativos deteriora severamente cualquier expectativa de reactivación en el corto plazo.

El riesgo de recesión técnica y el desplome de la inversión

La posibilidad formal de encadenar dos trimestres consecutivos en terreno negativo se volvió una amenaza concreta. Luego de que el Producto Bruto Interno (PBI) se contrajera un 0,6% trimestral en el segundo trimestre, el informe de Adcap precisó que la economía enfrenta una probabilidad tangible de confirmar la recesión: para sortearla, tanto agosto como septiembre deberían crecer a un ritmo aproximado del 3% mensual cada uno (alrededor de 6,1% acumulado), una meta sumamente exigente en el contexto actual.

En sintonía con este diagnóstico, la consultora Facimex recortó su proyección de crecimiento económico al 1,5%, alertando sobre la inminencia del ciclo recesivo, mientras que el Índice Líder de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT) midió para agosto una probabilidad del 82% de que la economía caiga en recesión durante los próximos meses.

El foco de inquietud para los inversores radica en que una menor actividad debilite las dos anclas prioritarias del programa oficial: el equilibrio fiscal y la gobernabilidad o competitividad electoral. Desde Facimex subrayaron que cualquier factor que siembre dudas sobre la continuidad del rumbo condiciona la llegada de capitales, recordando que la inversión encadenó cinco trimestres consecutivos a la baja entre el segundo trimestre de 2025 y el de 2026, ubicándose en apenas un 15% del PBI a precios corrientes. Frente a este estancamiento, los especialistas recomiendan resguardar la estabilidad macroeconómica consolidada mediante incentivos específicos para traccionar a los sectores rezagados.

Consumo debilitado, recaudación en baja y el ancla del superávit

El análisis de la consultora LCG describe una dinámica "de serrucho" con características cuasi recesivas que difícilmente tuerza su curso inmediato. El consumo interno arrastra el fuerte deterioro del salario real y la pérdida de empleo registrado, tras haber acusado una merma del 2,4% en el segundo trimestre. En paralelo, la inversión ingresa en una habitual fase de "wait and see" previa al año electoral, al tiempo que el gasto público se ve forzado a recortarse a la par de los ingresos para sostener el superávit primario, profundizando el sesgo contractivo. La estrategia oficial de apostar a las exportaciones netas se mantiene por ahora focalizada en un puñado de sectores con escaso derrame hacia el resto del entramado socioeconómico.

Esta fragilidad golpea directamente la recaudación. El Banco Comafi advirtió que los sectores no transables como la industria, el comercio y la construcción —altamente intensivos en empleo y tributos— drenan los recursos del Estado. Durante agosto, los ingresos del Sector Público Nacional (SPN) cayeron un 1,0% real interanual, retrocediendo incluso más que la baja del gasto público (-0,4% real). Pese a este escenario, el Ministerio de Economía logró resguardar el superávit primario mensual en $1,99 billones, acumulando un saldo favorable de 1,1% del PBI en el año y un superávit financiero del 0,2%. Sin embargo, la entidad bancaria catalogó como indispensable continuar engrosando este colchón de cara a diciembre, mes caracterizado por una marcada estacionalidad deficitaria por el pago de aguinaldos.

Alerta sobre el Programa Financiero 2027 y la deuda soberana

El enfriamiento económico también se trasladó con fuerza a las cotizaciones financieras. La consultora 1816 evaluó el reciente retroceso de los títulos soberanos, donde el bono Global 2035 trepó a un rendimiento del 11% en el exterior —el valor más elevado desde las elecciones de 2025—, acompañado por una suba del riesgo país que escaló desde los 400 hasta superar los 570 puntos básicos. Este endurecimiento torna complejo pensar en una salida de Argentina al mercado voluntario internacional previo a los comicios.

En este marco, el Programa Financiero 2027 presentado por Luis Caputo en julio queda bajo máxima exigencia. El plan oficial contemplaba emitir unos u$s 5.000 millones en títulos Bonares el año próximo; si el mercado no permite concretar esa colocación, la presión sobre las reservas del Banco Central terminará superando con creces los u$s 12.600 millones previstos, a menos que el Gobierno apele a fuentes alternativas. Los analistas de 1816 concluyeron con una advertencia contundente: ante una mayor dificultad para refinanciar vencimientos mediante endeudamiento en moneda extranjera, la capacidad del BCRA para comprar divisas en el Mercado Libre de Cambios (MLC) se vuelve la variable más crítica y determinante de todo el esquema.

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