
Escándalo, trompadas y abandono en el final: Central venció a Estudiantes y salió campeón


Lo que debía ser una fiesta deportiva en el Estadio Madre de Ciudades de Santiago del Estero terminó consumida por un verdadero descontrol. En una definición repleta de polémicas arbitrales, pierna fuerte y alta temperatura, Rosario Central venció 3-1 a Estudiantes de La Plata y se coronó campeón de la Supercopa Internacional. Sin embargo, la coronación del conjunto rosarino quedó en un segundo plano debido al bochornoso desenlace: trompadas entre planteles, tarjetas rojas generalizadas y la orden directa de Juan Sebastián Verón de retirar a su equipo hacia los vestuarios antes de que el juez pudiera formalizar el final.
El encuentro había tenido un arranque furioso desde el pitazo inicial de Darío Herrera. Apenas transcurría el primer minuto cuando Estudiantes golpeó primero tras una notable maniobra colectiva: desborde punzante por la banda izquierda, centro al corazón del área chica, pivoteo inteligente de Guido Carrillo y definición limpia de Castro para el 1-0. Poco después, el cotejo se detuvo por varios minutos a raíz de una grave lesión en el brazo de Neves, quien cayó de forma muy dura tras disputar una pelota aérea y debió abandonar el campo de inmediato para ser asistido por los médicos.


La jerarquía de Di María y la furia albirroja con el arbitraje
Con el correr del cronómetro, el elenco dirigido por Jorge Almirón se acomodó sobre el césped santiagueño y encontró en la zurda mágica de Ángel Di María la llave para dar vuelta la historia. En primer término, el astro campeón del mundo firmó el 1-1 con un soberbio tiro libre que superó la resistencia de Fernando Muslera con una potencia implacable.
Minutos más tarde, la controversia se apoderó de la final: tras el llamado del VAR, el árbitro cobró un discutido penal de Leandro González Pírez sobre Copetti. Pese a los airados reclamos de todo el banco platense, la sanción se mantuvo y el propio Di María ejecutó con maestría para estampar el 2-1 antes del descanso.
El clima de rispidez aumentó en el complemento. Estudiantes explotó de bronca cuando el volante Verón no recibió la segunda tarjeta amarilla por una dura infracción sobre el carril derecho. La omisión disciplinaria quedó tan expuesta que el propio Almirón decidió sustituirlo de inmediato para evitar que dejara al Canalla con diez futbolistas. A partir de allí, Central se replegó deliberadamente en el fondo, cediendo la tenencia a un Pincha que careció de claridad y que volvió a reclamar furiosamente un presunto penal por mano dentro del área rosarina que ni Herrera ni las autoridades de video consideraron punible.
El gol de contra, la batalla campal y el portazo de Verón
La tensión acumulada estalló en los instantes decisivos. Con el tiempo cumplido, Estudiantes volcó a todos sus hombres al ataque, incluido su arquero Muslera que subió a buscar un tiro de esquina. El rechazo defensivo derivó en una contra letal que Julián Fernández liquidó con un golazo para sellar el 3-1 definitivo.
Apenas el balón cruzó la línea, la bronca contenida derivó en un enfrentamiento masivo a golpes de puño y empujones entre futbolistas y colaboradores de ambos bandos. Mientras el árbitro intentaba repartir tarjetas rojas en medio del tumulto, el descontrol se trasladó hacia la manga y el túnel de vestuarios.
En ese momento de máxima hostilidad, el presidente de Estudiantes, Juan Sebastián Verón, ingresó decididamente al campo de juego y ordenó a sus dirigidos abandonar el césped, retirando a la delegación albirroja sin esperar el pitazo de cierre ni participar de la premiación. En medio del caos y la retirada rival, el plantel Canalla dio rienda suelta a los festejos por una nueva estrella oficial en sus vitrinas.



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