Singapur: excelencia educativa y castigo físico desde los 9 años

El país asiático se destaca en las pruebas PISA por el rendimiento de sus estudiantes, pero su sistema educativo también contempla los azotes como una medida disciplinaria excepcional para determinados alumnos. 
09 de septiembre de 2026Nico VediaNico Vedia

imagesLa Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) dio a conocer los resultados de la última edición de las pruebas PISA, el examen que evalúa el rendimiento académico de más de 760.000 estudiantes en 91 países y territorios de todo el mundo. En la cima del listado 2025 se ubicó Singapur, con 535 puntos, escoltado por China (527), Taiwán (508), Japón (503) y Corea del Sur (501). Todos los primeros lugares quedaron en manos de naciones asiáticas, con la única excepción de Irlanda, que se metió en el séptimo puesto como el mejor país occidental por encima de los 500 puntos.

Un sistema construido desde la independencia

El buen desempeño de la ciudad-Estado no es casual: desde su separación de Malasia en 1965, apostó a la educación como pilar de su estrategia de crecimiento económico en un contexto asiático de alta competencia. En ese entonces, el país arrastraba niveles de analfabetismo muy elevados entre su población, hoy cercana a los 6 millones de habitantes. A partir de esa etapa fundacional, Singapur construyó un modelo educativo exigente basado en el concepto de "kiasu" —"miedo a quedarse atrás", en el dialecto chino local—, con enseñanza bilingüe, agrupamiento de alumnos según su nivel académico y una fuerte impronta en ciencias y tecnología. No es extraño que muchos estudiantes asistan a academias que funcionan los siete días de la semana, con cargas horarias muy exigentes.

La polémica: castigos corporales desde los 9 años

En paralelo a estos resultados, el gobierno singapurense —al que distintos análisis califican de "autocrático"— avanzó con una medida mucho más resistida: desde 2027 quedarán habilitados los castigos físicos en el nivel primario. La normativa fue aprobada en mayo de este año y permite a los docentes aplicar azotes a los alumnos en casos de "faltas graves", siempre como "último recurso" y con el objetivo declarado de combatir el bullying, un problema que crece en las escuelas del país.

Según el texto oficial del Ministerio de Educación, esta opción disciplinaria regirá a partir de los 9 años y solo podrá aplicarse "estrictamente cuando sea absolutamente necesario". La medida reabre un debate que la Organización Mundial de la Salud (OMS) viene marcando desde hace años: el organismo estima que entre el 25% y el 50% de los niños del mundo sufren castigos corporales en el ámbito educativo, pese a que la evidencia disponible advierte que sus consecuencias "pueden durar toda la vida" y afectar la salud física y mental, el desarrollo educativo y el funcionamiento social y laboral de quienes los padecen.