Brasil define su rumbo económico: qué puede cambiar para la Argentina

El balotaje entre Flávio Bolsonaro y Lula Da Silva pondrá en juego dos caminos diferentes para el ajuste fiscal, las tasas y el real. Para la Argentina, el impacto se sentirá especialmente en el comercio, la industria y las inversiones. 
05 de octubre de 2026Nico VediaNico Vedia

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Brasil se encamina al balotaje presidencial del 25 de octubre después de una primera vuelta en la que Flávio Bolsonaro se impuso, aunque sin alcanzar los votos necesarios para evitar una segunda instancia frente a Lula Da Silva. La elección no solo definirá quién gobernará al principal socio comercial de la Argentina durante los próximos cuatro años: también marcará el rumbo de una economía cuya evolución tiene efectos directos sobre la actividad local.

La principal diferencia entre ambos candidatos aparece en la velocidad con la que plantean ordenar las cuentas públicas. Mientras Lula propone una consolidación fiscal gradual, con continuidad de programas sociales e inversión estatal, Flávio plantea una corrección más acelerada del gasto, acompañada por una reducción del tamaño del Estado, privatizaciones y una regla vinculada con la relación entre deuda y PBI.

Para la Argentina, sin embargo, el nombre del próximo presidente será apenas una parte de la ecuación. El comportamiento de la economía brasileña y del real será determinante para definir cuánto comprará Brasil, qué tan competitivos serán los productos argentinos y cómo evolucionará uno de los principales vínculos comerciales del país.

Una economía que ya muestra señales de desaceleración

Brasil llega a la definición electoral con crecimiento, aunque también con signos de pérdida de dinamismo. El PBI aumentó 0,5% en el segundo trimestre respecto del período anterior y 2% interanual. Al mismo tiempo, el IBC-Br, indicador mensual elaborado por el Banco Central brasileño que funciona como referencia para medir la actividad, mostró retrocesos en junio y julio.

Para Gustavo Pérego, director de ABECEB, el próximo año estará marcado por una economía brasileña más fría independientemente de quién gane. La diferencia estará en la intensidad del ajuste y en la capacidad del futuro gobierno para generar confianza.

Con Lula, el escenario previsto es de una corrección más gradual que permita sostener parte de la demanda mediante las transferencias sociales y la inversión pública. Con Flávio, el ajuste inicial podría ser más profundo y provocar un enfriamiento mayor durante el primer año, aunque una mejora de las expectativas podría acelerar posteriormente la recuperación.

Joao Alfredo Nyegray, especialista en negocios internacionales de la Pontificia Universidad Católica de Paraná, también marcó esa diferencia. Según su análisis, la continuidad del gasto público bajo Lula podría apuntalar la actividad en el corto plazo, mientras que un recorte más rápido bajo Flávio tendría inicialmente un efecto contractivo sobre la demanda.

A ese panorama se suma una política monetaria todavía restrictiva. La tasa Selic se encuentra en 13,75%, mientras que la inflación medida por el IPCA acumuló 4,22% interanual en agosto. El IPCA-15, que funciona como una medición anticipada, registró 4,47% en septiembre.

La combinación de tasas elevadas e inflación más moderada mantiene atractivo el denominado carry trade, aunque también encarece el crédito y limita el crecimiento.

El real, una variable clave para la Argentina

El escenario cambiario será otro de los puntos de atención. ABECEB proyecta para fines de 2027 una inflación brasileña cercana al 4%, una Selic de 11,75% y un dólar alrededor de R$5,23.

Pero esa trayectoria estará condicionada por la credibilidad fiscal del próximo gobierno. Una administración de Lula que no logre convencer a los mercados podría enfrentar presiones sobre el real y mayores dificultades para reducir las tasas. En el caso de Flávio, un programa fiscal considerado creíble podría mejorar inicialmente las expectativas.

De todos modos, la evolución de la moneda brasileña no dependerá exclusivamente del resultado electoral. También estarán en juego el riesgo fiscal, los movimientos internacionales de capitales, la política monetaria de Estados Unidos, los precios de las materias primas y las condiciones financieras globales.

Para la Argentina, el punto central estará en la relación entre real y crecimiento.

Federico Vaccarezza, especialista en economía internacional y en las relaciones entre Brasil y Argentina, resumió el problema al advertir que el principal interrogante será si Brasil mantiene su expansión y qué sucede con su moneda. Un freno de la economía brasileña tendría consecuencias sobre la demanda de productos argentinos, mientras que una depreciación del real podría afectar la competitividad de la producción nacional.

Dos caminos para ordenar las cuentas públicas

La política fiscal será, probablemente, el principal eje de diferenciación entre los candidatos.

Lula plantea una consolidación gradual, con continuidad de políticas sociales e inversión pública, y una búsqueda de mayores ingresos mediante cambios tributarios y revisión de beneficios fiscales. El riesgo de esta estrategia, según los especialistas consultados, es que consiga contener el déficit sin resolver de fondo el crecimiento estructural del gasto.

Flávio, en cambio, propone mayores restricciones sobre las erogaciones, una regla fiscal relacionada con la deuda y el PBI, privatizaciones y una reducción de la estructura estatal.

Pero un ajuste de esas características también enfrenta dificultades. Para que sea sostenible, debería alcanzar gastos obligatorios, subsidios y otros componentes rígidos del presupuesto. Además, necesitaría respaldo parlamentario para transformarse en políticas concretas.

Por eso, la elección no plantea necesariamente dos modelos económicos absolutamente contrapuestos, sino dos velocidades diferentes para encarar el ordenamiento fiscal.

¿Cómo puede impactar en la Argentina?

La primera consecuencia estará vinculada con el nivel de actividad brasileño. Cuando Brasil crece, aumenta su capacidad de importar bienes y favorece a los sectores argentinos integrados a ese mercado. Si la economía vecina pierde dinamismo, esa demanda también puede reducirse.

Entre los sectores más expuestos aparecen los automóviles, el acero y el trigo.

El segundo canal es el cambiario. Un real más débil abarata los productos brasileños frente a los argentinos y puede complicar la posición de la industria nacional. En particular, puede afectar la competitividad de las pick-ups producidas en la Argentina, que tienen en Brasil uno de sus principales mercados externos.

Una apreciación del real produciría el efecto inverso y mejoraría la posición relativa de los productos argentinos.

Sin embargo, ambos factores no necesariamente avanzarán en la misma dirección. Un Brasil con una moneda menos favorable para la Argentina puede seguir siendo un mercado atractivo si mantiene un fuerte nivel de actividad. Del mismo modo, un real más fuerte no compensaría completamente una economía brasileña en recesión.

Por eso, para las empresas argentinas el dato relevante será observar simultáneamente el crecimiento brasileño y la evolución del real.

Automotrices, comercio e inversiones: los otros frentes

La relación comercial entre ambos países difícilmente se modifique de manera abrupta cualquiera sea el resultado electoral, debido al nivel de integración productiva alcanzado durante las últimas décadas.

La industria automotriz aparece como uno de los principales ejemplos. Según Pérego, el sector representa cerca del 40% del intercambio bilateral, por lo que cualquier modificación en las reglas comerciales tendría efectos importantes en ambos mercados.

Otro punto de atención será el futuro del ACE 14, que contempla avanzar hacia un esquema de libre comercio pleno a partir de julio de 2029.

Una eventual administración de Flávio podría mostrarse más favorable a una apertura comercial y a una flexibilización del Mercosur, mientras que Lula tendría una posición más proclive a mantener mecanismos de coordinación regional y herramientas de política industrial.

Ese cambio podría tener efectos concretos para determinados sectores argentinos. Una reducción del Arancel Externo Común, por ejemplo, podría modificar las condiciones que hoy favorecen a determinados productos nacionales en el mercado brasileño.

En materia de inversiones, el resultado electoral tendría un efecto más acotado. Las empresas brasileñas seguirán observando factores como la estabilidad cambiaria argentina, el acceso al mercado de cambios, los incentivos y la seguridad contractual.

Una mayor cercanía política podría facilitar conversaciones y proyectos en áreas como energía, gas, infraestructura y logística, pero por sí sola no alcanzaría para garantizar nuevas inversiones.

Milei, Lula y Flávio: ¿qué puede pasar con la relación?

El resultado también tendrá una dimensión política.

Una eventual continuidad de Lula probablemente mantendría una relación distante con el gobierno de Javier Milei, con mayor protagonismo de los equipos técnicos y una agenda enfocada en cuestiones comerciales y regionales.

El triunfo de Flávio, en cambio, podría generar una mayor afinidad ideológica con la Argentina y coincidencias en materia de apertura económica y relación con Estados Unidos.

Pero esa sintonía política no necesariamente se traduciría en más comercio. La integración entre Argentina y Brasil responde, en gran medida, a intereses productivos que exceden las diferencias entre sus gobiernos.

El Mercosur será uno de los ámbitos donde esas diferencias podrían hacerse más visibles. Flávio podría acompañar una flexibilización del bloque y una mayor libertad para negociar acuerdos comerciales, en una línea más cercana a la posición de Milei. Lula, en cambio, buscaría preservar el esquema de negociaciones conjuntas.

También podría modificarse la relación de Brasil con Estados Unidos. Una eventual presidencia de Flávio tendría mayores posibilidades de acercamiento a Washington, aunque ese alineamiento también podría generar competencia con la Argentina por preferencias comerciales.

En definitiva, la elección brasileña puede cambiar el tono político, la estrategia comercial y el funcionamiento del Mercosur, pero existe un factor que difícilmente desaparezca: la fuerte integración económica entre ambos países.

Para la Argentina, el verdadero desafío será seguir de cerca dos variables que pueden resultar más decisivas que el nombre del próximo presidente brasileño: cuánto crecerá Brasil y qué valor tendrá el real. De esa combinación dependerán buena parte de las oportunidades y riesgos para las exportaciones, la industria y las inversiones argentinas.